Altoaragoneses 2011

José Antonio Adell y Celedonio García propuestos para Altoaragoneses 2011

José Antonio Adell y Celedonio García, premio Félix de Azara
http://www.radiohuesca.com/Noticia.aspx?codigo=450426
Se ha elegido a estas dos personas por su obra en común, por su labor de investigación y por su aportación a la etnología y sabiduría aragonesa. El pleno de la corporación provincial tendrá que ratificar la decisión el próximo 6 de octubre.
Las carreras pedestres de Aragón. Tres siglos en imágenes
La Rondalla de Pepín Banzo y el baile de la “Jota de los pollos” dieron realce a la presentación del libro de Celedonio García y José Antonio Adell “Las carreras pedestres de Aragón. Tres siglos en imágenes”, editado por C.E. UNESCO Aragón y la A. Naciones Unidas en España con el patrocinio del Ayuntamiento de Zaragoza.
En el acto de presentación intervinieron Fernando López y Jesús Arroyo, responsables de C.E. UNESCO Aragón y la A. Naciones Unidas en España, expresando la intención de que la publicación “sea una muestra viva de nuestro patrimonio inmaterial aragonés”. También tomó la palabra Francisco Salas, Coordinador del Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Zaragoza.
Descubre las carreras pedestres de Aragón
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José Ramón Sánchez, (a) Bolsón, un bandido del Levante

L. Franco Salgado: "Llega la autoridad al sitio del crimen"
El bandolerismo fue un hecho social, extendido por toda la Península Ibérica en diferentes momentos históricos, aunque en determinadas zonas prendió con más fuerza. Las causas de la aparición del bandolerismo también son diversas, fundamentalmente sociales, económicas y políticas.
En el Levante, el bandolero más famoso fue Jaime “El Barbudo”, de Crevillente, pero surgieron otros, como José Ramón Sánchez, (a) Bolsón, que murió a causa de los disparos de la Guardia civil el 31 de octubre de 1879 en una posada de Alcoy, después de una encarnizada lucha. “Bolsón” tuvo reputada fama de bandolero (también se le denominaba criminal) por considerársele autor de veintidós homicidios.
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Un muerto que hablaba en Saravillo

En mayo de 1885, La Época, El Imparcial, La Iberia y otros diarios nacionales, recogieron una noticia publicada en el Diario de Barcelona, que tuvo lugar en Saravillo. La anecdótica historia trágica, pero con tintes graciosos, nos recuerda a otro hecho similar con el famoso bandolero "Chichón de Nueno" de protagonista. Esta historia la publicamos en el libro Historias de bandoleros aragoneses y sucedió en el alto de Monrepós.
Pero, veamos la noticia del Diario de Barcelona:
"Hace poco tiempo, en Cálig, villa de la provincia de Castellón, un yerno hirió en la cabeza á su suegro, a quien creyó muerto.
El agresor diosa a la fuga, y pidiendo limosna de pueblo en pueblo, dominado por la fatiga y el remordimiento, llegó a media hora de distancia del pueblecito de la provincia de Huesca, llamado Saravillo, que no cuenta más de treinta casas.
CONTINÚA
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Los juegos del ejército inglés

Carrera sobre manos
Volvemos la mirada a 1904 para hacernos eco del espíritu deportivo del ejército inglés. En cualquier punto a donde se desplazasen los soldados ingleses siempre practicaban los juegos que consideraban nacionales, como el cric, tennis, golf, foot-ball, polo… A los ingleses, acostumbrados a ejercicios de vigor, también les encantaba crear nuevos “deportes”.
Como en los chistes o del mismo modo que sucede con los tópicos, en el artículo en el que nos basamos para escribir sobre este tema, publicado en el Almanaque Bailly de 1904, se decía que “el alemán baila o canta, el italiano hace juegos de manos, el español toca la guitarra, el francés improvisa un teatro y el inglés, en cambio, se dedica a los deportes más raros y sorprendentes”.
No existían juegos militares específicos en el en ejército inglés. Cada regimiento organizaba sus distintos juegos, según sus medios y recursos.
Los premios que se entregaban en estos juegos, generalmente, consistían en dinero. El pueblo inglés lo tenía muy claro: los negocios son los negocios. Preferían unos cuantos chelines o guineas a ser citados en la orden del día o a oír felicitaciones de los jefes. Las cantidades podían variar mucho, pero era claro que en aquella época no bajaban de media libra (10 chelines: 12,50 pesetas). Y no solían pasar de 10 libras (250 pesetas). Hablamos de 1904.
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