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Celedonio García

Pedro Sierra, de La Puebla de Híjar

Pedro Sierra, de La Puebla de Híjar

Pedro Sierra en Zaidín

Texto extraído del libro de Celedonio García y José Antonio Adell El pedestrismo en Aragón (DGA. Zaragoza, 1987)

     Pedro Sierra Gimeno nació en 1925 en La Puebla de Híjar. Era el 18 de noviembre y este niño sería, pasados algunos años, un joven conocido y querido por todo Aragón y también en el mundo del atletismo nacional.

     Pasada la guerra civil, Sierra comenzó a participar en algunas carreras, pero era aún joven, razón por la cual era vencido por las grandes figuras, pero ya se veía en él buenas maneras y una gran resistencia. En Calanda fue derrotado por Rojo, que le sacaría varias vueltas, pero sería la última vez que esto pasara.

     La primera carrera de su vida fue en su pueblo donde, por supuesto, ganó. En el año 1943 comenzó a correr por algunos pueblos de la comarca. En 1944 ya ganó la copa de Navidad de Zaragoza, competición federada de cross, con 19 años.

     Al volver de la mili fue cuando comenzó a cosechar auténticos éxitos de cross, en pista y, especialmente, en maratón, donde fue tres años campeón de España. Obtuvo además el mejor registro nacional de la prueba, que ostentaba otro aragonés, Alejandro Pérez, El Cartujano. Participó con buenos puestos en el Cross de las Naciones, y era fijo en la selección española.

     No vamos a hablar más del aspecto concerniente a las carreras federadas, pues no es ese el objetivo de este libro. Trataremos sobre las carreras pedestres que él disputó en nuestros pueblos.

    Normalmente corría cada verano 50 o 60 pruebas. Ello suponía casi una carrera diaria, lo cual es posible teniendo presente que había días que corría por la mañana en una localidad y por la tarde en otra. Las condiciones de desplazamiento no eran, ni mucho menos, las de ahora, pues él iba en bicicleta, y en los últimos años en moto. Si había estación de ferrocarril aprovechaba para ir en tren, pero esto no era lo normal. Muchas veces le tocó ir de un pueblo a otro corriendo. Por otra parte, los caminos y carreteras de aquella época no eran los de ahora.

     Por esta razón no sería de extrañar, como él mismo dice, que si en aquellos años hubiera ido a una Olimpiada a la prueba de maratón podría haber logrado un excelente lugar, pues su endurecimiento era extraordinario.

     En Lanaja llegó a correr contra un tractor, tal como comentamos en otro capítulo. En Radio Zaragoza se anunció: Mañana, la locomotora humana contra un tractor. Ganó en Calanda a los mejores especialistas del momento en pruebas de fondo en la llamada Carrera del siglo XX, de la que también hablaremos posteriormente.

     A veces llegó a ganar en dos o tres días unos 12 pollos, que normalmente tenía que regalar por no poder llevarlos en la bicicleta. Llegó a correr dos pruebas con sólo dos horas de separación una de otra y hasta aceptó retos de los que casi siempre salía vencedor.

     En la mayoría de los pueblos aragoneses donde ha corrido Sierra la gente guarda un gran recuerdo de él. Especialmente de las carreras que realizaba con el leridano García. Es más, hablar de carreras a pie, supone nombrar inevitablemente a Sierra.

     En ocasiones, él mismo contribuyó organizando buenas pruebas y trayendo a destacados participantes. Además, la gente lo recuerda también diciendo que era muy campechano. Efectivamente, le agradaba el diálogo con las gentes del pueblo, era hablador y gustaba de las tertulias con las gentes de las localidades a las que acudía.

     Era querido y apreciado por corredores, público y organizadores. Si acudía Sierra era seguro que habría buena carrera. En una ocasión llegó a Chodes a las cuatro de la mañana con otro corredor. No había fonda y sólo encontraron a dos señoras escobando en la puerta de su casa. Ellas alojaron a los corredores. La mujer que dio morada a Pedro hizo levantar al marido para que pudiese acostarse, lo cual hizo de muy buena gana cuando conoció de quien se trataba. El matrimonio dejó a Sierra en aquella habitación para que pudiera descansar y estar fresco para la prueba, que era por la tarde. Años después, viajando nuestro corredor en el tren, se encontró a esta señora que no conoció. Ella le espetó: No me conoces, Sierra. Después que hago levantar a mi marido para que te acuestes tú. Pedro entonces se acordó y agradeció de nuevo la gentileza que tuvieron ella y su marido aquel día.

     Un año organizó en su pueblo una gran prueba, a la que trajo a los mejores atletas nacionales del momento: Baldomá, Coll, Yebra, Losada, el asturiano Polo, que era campeón de España de 10.000, y Güengos, que había sido campeón nacional en 1.500. El público acudió en masa a presenciar la prueba. Hacía mucho calor y se dieron numerosas primas. Fontanillas, de Alcaine, que corría muy bien, sacó una vuelta y Sierra fue a por él. Al final Sierra ganó, quedando segundo el de Alcaine. Miranda fue doblado siete veces.

     De todas formas Sierra no fue bien tratado por la Federación, que no estaba de acuerdo en que corriese por los pueblos. Tampoco en su pueblo se acordaron mucho de él, pues mientras Amorós, en Caudé (Albacete), era recibido por dos o tres bandas de música cuando tenía una brillante actuación, en su localidad muchas veces ni se enteraban de que había sido campeón de España o había realizado una prueba importante.

     Hoy Sierra continúa viviendo en La Puebla, donde tiene una tienda de ultramarinos. Aún corrió hace unos pocos años en el campo de fútbol de Andorra, en una prueba en la que participaron varios veteranos. De vez en cuando acude a alguna de las poblaciones de la comarca donde celebran carreras. Las gentes le reconocen enseguida. Él, como un espectador más, recuerda con nostalgia aquellos años en que se pasaba el verano yendo por las fiestas de los pueblos y participando en las carreras a pie. Sin duda alguna su nombre tardará años en borrarse de la mente de las gentes de esta tierra.

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